El Museo cumple 45 años
Este año se cumplen 45 años desde que el
Castillo de San Antón funciona como Museo Arqueológico e Histórico de La
Coruña. Casi medio siglo que da para mucho, con este aniversario aprovechamos
para hacer un repaso a la historia de este castillo del siglo XVI que fue
construido por la Corona como fortaleza defensiva en la estratégica isla de San
Antón. Más adelante, en el siglo XVII se convirtió en prisión y en 1960 fue
cedido al Ayuntamiento para convertirse finalmente en 1968 en museo.
La isla de San Antón está
protegida en la bahía que era el “Magnus portus Artabrorum” de los geográfos
que es castellano sería El Gran Puerto de Artabria. Las costas estaban pobladas
por tribus que se organizaron para formar la ciudad de Brigantium a la que
llegó César en el 60 a. C en su viaje a las islas británicas iluminados por la
Torre de Hércules.
En el siglo IX la isla vio
llegar a barcas normandas y musulmanas, también vio soltar amarras a grandes
embarcaciones mediavales hacia Europa y posteriormente hacia las Indias. En
1588 zarpó la Armada Invencible para poco después recibir sus lamentos con el
resto de las naves. Antes de la llegada del Renacimiento en la isla existía un
lazareto de San Antón con una capilla que se dedicaba a cuidar a navegantes
enfermos con el fin de evitar la peste.
En el siglo XVI aumentan las
relaciones comerciales transatlánticas por tanto la ciudad se vio obligada a
defenderse de la piratería que llegaba y mejorar su seguridad. También en 1520,
Carlos I partió de Coruña para proclamarse emperador de Aquisgrán. Aprovechando
el viaje, el Consejo de A Coruña le propone instalar en la ciudad la Casa de
Contratación de la Especiería, para lo que sería necesario fortificar las
murallas medievales y la construcción de otros baluartes defensivos.
Consiguieron convencerlo y ordenó crear otras dos fortalezas: el Castillo de
Santa Cruz y el de San Diego. Aunque los dos primeros se conservan en buen
estado,este útlimo fue demolido en 1965.
Se insistió con la idea
durante el reinado de Felipe II y comienzan las obras en 1588. Al año siguiente
la ciudad fue atacada por la escuadra de Drake y dirigida por el General
Norris, unos temidos marines ingleses que fueron derrotados en un heróico
esfuerzo de María Pita por defender la ciudad. El modelo que siguió el Castillo
de San Antón es totalmente renacentista, muy similar al de San Telmo en Nápoles
construido cincuenta años antes por Escrivá, un arquitecto militar español.
Tiene una planta geométrica de estrella, baluartes troncocónicos, abiertos en
merlones para dejar libres las piezas de artillería, plegándose fuertemente la
planta a la topografía en los que se encontraban diecinueve aposentos para
soldados, dos polvorines, cuerpo de guardia, etc.
A principios del siglo XVIII
el Castillo se convierte en prisión. En él estuvieron encarcelados militares,
ilustrados o políticos importantes. Los más destacados fueron Juan Díaz
Porlier, un general del bando liberal; Antonio de Villaroel, general de Felipe
V; Alessandro Malaspina, marino y científico; Melchor de Macanaz, secretario de
Felipe V y numerosos presos recluidos durante la época franquista.
En 1777 se instala en Coruña
el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, y se plantean nuevos proyectos acordes
con los nuevos tiempos de la Ilustración, incluso surge la idea de unir
mediante un puente la isla a tierra firme, aunque al final no se realizó.
Montaigú traza la batería baja y un pequeño puerto, Marín reañoza un proyecto
con un almenado o coraza que rodee la isla y Ricaud diseña la parte superior para
la casa del Capellán, la capilla y la casa del Gobernador, estas finalmente
serán realizadas por López Sopeña, un catalán que también fue autor de otros
proyectos como urbanismo de la Barceloneta o el Palacio Real.
El momento crucial de toda
la historia de esta fortaleza se produce en 1809 en la famosa Batalla de
Elviña. El general francés Soult atacó al general inglés Sir Jhon Moore que
apresuraba su retirada. Una vez muerto Moore, Soult consigue entrar en Coruña
sin ningún tipo de resistencia. Actualmente Moore se encuentra enterrado en los
jardines de San Carlos, situados cerca del Castillo. A modo de anécdota
curiosa, un soldado francés dejó escritas sus iniciales en una vieja puerta a
punta de bayoneta, ponía: número 76 del Regimiento 1809.
En 1940, se hace un pequeño
pasillo que une la puerta principal del castillo, la Puerta de San Miguel con
la Casa del Botero, desde dónde con anterioridad partía una barca que
transportaba el avituallamiento, el relevo e incluso a los presos. En 1960, el
Ministerio de Guerra cede la fortaleza al Ayuntamiento de La Coruña. En un
primer momento son muchas las posibilidades que se barajan: un acuarium, un
hotel, un casino, un parador, etc. La Comisión de Monumentos propone que se
destine a un Museo Arqueológico Provincial y en 1964 se crea el decreto para su
creación. A partir de este momento se realiza una reforma para intentar
adaptarlo en todo lo posible. Pons Sorolla es el encargado de los cambios, que
afectan sobre todo a los añadidos en el siglo XIX, entre los que se encuentra
el antepecho de la entrada, se suprimen tapiales de casamatas-celda abriéndolas
y los pisos de roca se recubren.
El museo se abre en 1968,
hace exactamente 45 años, con José María Luengo como director. Mientras se
siguen realizando obras de adaptamiento para no dañar a este monumento de
interés cultural. Que el museo se encuentre en el castillo tienen muchas
desventajas y limitaciones, ya que las infrastructuras no son las mejores ni
hay las salas suficientes para las exposiciones, pero también su situación
estratégica y su entorno es una ventaja que pesa demasiado pudiendo así
incrustarse en la actividad sociocultural de la ciudad.
El Castillo se divide en dos
plantas. En la entrada, al lado de la puerta de San Miguel se encuentra un
escudo imperial de la época de Felipe II. En la planta baja, al entrar está la
ahora recepción que antes era la “Casa del Botes” y también se encuentra la
íntima biblioteca y el archivo del museo. Al seguir hay un túnel en el que se
mezclan varias perspectivas y se crea un espacio medio abierto y medio cerrado.
Acto seguido se encuentra el patio con casamatas y antiguas celdas, algunas de
ellas son habitaciones excavadas y protegidas donde se guardaba la pólvora. El
museo aprovecha estas casamatas para mostrar restos escultóricos de la Edad
Media, entre los siglos XIII-XV.
En la parte interior está la
sección de arqueología. En la antigua celda de castigo se exhibe una colección
de orfebrería protohistórica que tiene mucho valor histórico y etnocultural.
También se encuentra el casco de Leiro y el tesoro del Castro de Elviña que
contas de dos diademas, y un collar. Estas piezas son las más importantes del
museo, son objetos áureos y simbólicos de la Edad de Bronce, aproximadamente
del siglo VII a.C. Se encuentran una gran multitud de torques con
caracteríticas claramente diferenciadas. Sólo una sección no tiene que ver con
la historia de Galicia, y es la llamada “Otras Culturas” que muestra diferentes
ajuares, y destaca una colección del Paleolítico saharaui (2500 a. C.). Una vez
pasada esta parte se encuentra una sección de romanización con piezas
arqueológicas medievales y una serie de hipótesis sobre la estructura
originaria de la Torre de Hércules.
La siguiente sección está
dedicada íntegramente a la cultura castreja, en especial al Castro de Elviña
que se fecha en la Edad de Hierro (siglo VI a.C.). Interesan sus murallas,
cisternas o casas romas con atrio de entrada. Incluso se muestra el ídolo
fálico de Elviña que formaba parte de un templo. Junto a este Castro destacan
otros de la provincia como el de Baroña (Porto do Son) o el de Borneiro-Cabana
(Cabana).
El estudio de las diferentes
épocas es fundamental para el análisis de las sociedades y de los restos
arqueológicos. Hay numerosos petroglifos de la Edad de Bronce (2000-700 a.C.).
El Megalitismo está muy presente en Galicia, el monumento más importante es el
Dolmen de Dombate en Cabana, en el que José María Bello, director del museo ha
participado de forma decisiva en la investigación. Del Paleolítico son las
piezas más antiguas del Museo, se encuentran los restos encontrados en las
Gándaras de Budiño-Porriño (25.000 a.C.) fundamentalmente hachas, lascas, y
demás herramientas.
Una vez terminada la sección
arqueológica se puede ver la cisterna excavada en roca viva y abovedada con
cantería. Junto a esta se expone “A Borna” una embarcación experimental hecha
por profesores y alumnos de la Universidad de Santiago de Compostela siguiento
unos petroglifos de la Edad del Hierro.
Una vez terminada la planta
inferior, se sube al patio superior dónde se encontraban 23 cañones y se
comunicaban las fortalezas cercanas. Hay unas vistas maravillosas de la ciudad
y están expuestos algunos enterramientos romanos o la Cista de Taraio que es un
monumento funerario. Desde la terraza se puede apreciar un mural ceramico que
recubre la cúpula de la capilla e indica hacia dónde se encuenta el norte. En
la parte de arriba está la sección histórica con la casa del Gobernador y la
Capilla en la que preside el altar la Virgen del Rosario que es la patrona de
la ciudad. Hay además una sacristía, colecciones de rosarios gallegos,
relicarios, “deesis”, un rostro del Ecce Homo del siglo XVII, etc. Una sala
pertenece al siglo XIX en la que se dedica un apartado a la Batalla de Elviña y
están las Banderas de las Alarmas del 1º y 2º Batallón. Para finalizar la
exposición se encuentran dos salas menores como son la de los viajes marinos, y
el salón con muebles compostelanos del siglo XVIII.
Andrés Sanjurjo
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